Natalia Parra y sus tres ocicos

Renata, Alejito y Pipistrella: los tres amores de Natalia Parra

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Natalia irradia una inmensa alegría cada vez que habla de Renata, Alejito y Pipistrella, tres Ocicos con personalidades muy diferentes que comparten una misma historia: todos fueron rescatados de la calle y hoy en día acompañan a Natalia en su lucha por la defensa de los derechos de los animales.

Al contar la historia de cómo encontró a sus perros, Natalia se ríe a carcajadas pues cada anécdota es un rescate heróico con detalles graciosos. Esperamos que al igual que ella, también disfrutes de estos relatos que nos enseñan todas las cosas inimaginables que podemos llegar a hacer por amor a los animales.

Renata: el primer Ocico de Natalia

“Es más bella que la luna y más bonita que ninguna”.

 

Contrario a lo que muchos piensan, Natalia tuvo su primer perro ya siendo adulta, pues su padre era asmático, ella era propensa a la misma enfermedad y su madre le tenía pánico a los perros y gatos. En definitiva no había forma de que en su casa entrara un animal de compañía.

Un día se encontraba Natalia con su padre en la Plazoleta de la Universidad del Rosario cuando vieron un cachorrito de unos cuatro meses, escarbando en las basuras y corriendo entre las carpas de ventas de artesanías que ocasionalmente se ubican allí. Inmediatamente quedaron flechados por la belleza del animal. “Renata es pura criolla de pelitos en la cara y tiene unos ojos como delineados, parecen maquillados,  yo le digo que si Cleopatra la hubiera conocido la hubiera mandado desaparecer porque le daría mucha envidia” nos dice Natalia, entre risas.

Con un poco de pesar por la situación del perro, Natalia y su padre se indignan aún más cuando uno de los vendedores de artesanías se acerca al animal, lo zarandea y le grita:

-¡Usted no sirve ni pa’ cuidar!

Completamente molestos, Natalia y su papá se acercan a la carpa y se dirigen hacia Renata pues no podían dejarla con ese señor. “Quedamos al frente de la perrita y ella se sentó. Mi papá le dijo -¿quieres que te llevemos? – y Renata movió la cabeza de un lado a otro, fue imposible dejarla ahí , la agarramos y a correr antes de que el tipo se diera cuenta.”

Emprendiendo la huida, atraviesan la Plaza Santander con Renata en brazos y alarmados porque un hombre empieza a gritar pidiendo explicaciones de porqué se llevan a la mascota de Don Chucho (asumimos que era el vendedor de artesanías), el papá de Natalia le pide un taxi que sería vomitado por Renata algunas cuadras más adelante.

La perrita pasó por un proceso de desparasitación fuerte y tras distintas circunstancias pudo ganarse el corazón de la madre de Natalia, que por fin permitió la entrada de un peludito a su hogar. Hoy en día las dos se aman y son muy buenas amigas.

Hablando de la personalidad de Renata, Natalia no se queda corta: “Renata es tranquila completamente, es como un equilibrio total sin decir que no tiene defectos. A veces es un poquito territorial, finalmente fue la primera que llegó a la casa, no tiene instinto maternal con los perros pero muere por los niños humanos. Le tiene miedo a los palos y los globos.”

Alejito: el perro rebelde al que le salvaron la vida

“Parece que nos hubiéramos varado para encontrar a Alejito”

 

Alejito_ Natalia Parra

La historia de Alejo es un poco más dramática que la de Renata y nos hace pensar sobre las coincidencias y su efecto en nuestras vidas. Lee y juzga por ti mismo:

“El encuentro de Alejito creo que es el más particular que hemos tenido con un perrito: con mi pareja nos fuimos un 25 de diciembre a un cumpleaños en Tabio y como a las 11 de la noche veníamos con Renata de vuelta a Bogotá. En cierto momento le entró a Albeiro ( la pareja) una llamada al celular y entonces él se orilló. Se hizo en frente de un restaurante que se llama San Alejo, atendió la llamada y cuando fue a prender el carro no le sirvió”

Ante la situación, unas personas ayudaron a Natalia y Albeiro a empujar el carro hasta un parqueadero de camiones para solucionar el daño, pues al parecer era un problema de la batería. El panorama era complicado: como el carro no respondía debían tomar un taxi entre Chía y Cajicá para devolverse a Bogotá un 25 de diciembre a las 12 de la noche con perro incluido.

Sin perder las esperanzas, seguían intentando hacer que el carro respondiera. Mientras tanto, Natalia empezó a hablar con la niña de la familia que los estaba ayudando para amenizar el helaje de la noche. Natalia le preguntó a Laura (la niña) si el perro que había en el lugar era de ella. Ella afirmó que la mascota era suya y que antes había tenido otra pero que murió atropellada igual que el perro que estaba afuera de donde ellos se vararon esa noche.

Natalia estaba extrañada porque no había visto ningún perro y le pidió a Laura que le mostrara. Cruzaron la carretera y esa fue la primera vez que Natalia vio a Alejito. “Había una especie de trapito tirado contra la puerta del restaurante y ahí estaba el perrito tirado, flaquísimo, se notaba que estaba muerto o estaba a punto de morirse. Tenía ultimo grado de inanición e hipotermia y estaba pelado por la falta de alimento.”

Con un poco de miedo de ser mordida, Natalia intentó hacer que Alejito sintiera su presencia, pero él no reaccionaba. Entonces decidió cargarlo y llevarlo al taller en donde estaban arreglando el carro, sumándole otro perro al panorama.

Pero luego sucedió algo que seguramente no vas a creer. Dice Natalia,cuando llegamos al parqueadero lo puse en el suelo y no se podía sostener así que lo seguí cargando. Entonces, pasó algo muy raro. Yo no creo en nada porque de hecho soy muy escéptica pero ese carro se arregló, ese carro nunca había molestado, nunca volvió a molestar hasta el momento, pero ese día extrañamente se varó, no encontraban qué pasaba y apenas yo entré al parqueadero con Alejito el carro se arregló”

Sorprendentemente pudieron volver a su hogar esa misma noche, en el carro milagrosamente reparado y con un nuevo integrante en su familia: Alejito, que fue bautizado así por el lugar en donde lo encontraron.

Al describir a su ocico, Natalia no hace más que reírse. “Alejo es tan necio que le luce, no sé cómo explicarlo. Primero, tiene todos los traumas y en esa medida es muy prevenido entonces si ve a alguien corriendo abruptamente, es grosero; si alguien se me va a arrimar, le toca pedirle permiso. Es posesivo, odioso con la gente pero con los perritos más pequeños y los niños es una ternura total. Es muy necio pero cuando lo llevo a ciertos espacios, a lugares muy formales como el Congreso se porta como el perro más juicioso”

Pipistrella: el perro murciélago de la Av. Caracas

“Es un ser amoroso y tierno que no para de dar besos”

 

Pipistrella_Natalia Parra

Finalmente tenemos a Pipistrella, el último miembro rescatado de la familia, otra hermosa criollita con una historia de persecución de película con la que definitivamente te vas a reír muchísimo.

Natalia iba caminando con su mamá por la 53 abajo de la Av. Caracas cuando vieron a un perrito muy chiquito con una plaquita colgando de su cuello. El perrito iba suelto, volteó por la Caracas hacia el norte y se dieron cuenta que estaba solo. En un momento trató de meterse a una peluquería pero lo sacaron con una escoba, lo que hizo que se asustara y saliera corriendo directamente hacia la avenida.

Natalia y su mamá se angustiaron mucho y empezaron a gritar. Sin pensarlo dos veces, Natalia se metió a la avenida a tratar de parar los carros. “ Creo que era una escena muy chistosa además porque ese día iba con un vestido que me hace ver como una monja y tenía una paleta en la mano. Duramos varias cuadras corriendo por el andén y parando los carros. Un señor que pasaba por ahí, con traje formal me ayudó a corretear al perro y en cierto momento se pasó al carril de Transmilenio, peor aún. En esas salió una señora de esos establecimientos de la Caracas y la señora salió a ayudarnos a agarrar al perrito”, comenta Natalia.

Entre el señor, la señora y Natalia le hicieron una especie de corrillo y después de varios intentos por atraparlo, finalmente el perro se hizo detrás de unas motos en donde por fortuna, la señora pudo agarrarlo. Vieron la placa pero lamentablemente no era una señal de identificación sino que era una placa que demostraba que había sido vacunada. Natalia y su mamá vieron a la perrita y decidieron quedársela.

“Le pusimos Pipistrella porque pipistrello es murciélago en italiano y pues ella parece un murcielaguito. Ya la esterilizamos, ya está adaptada, es súper loca y no hace sino dar besos. Pipis (yo le digo Pipis a veces) tiene una cosa que es muy linda que tiene que ver con el perdón. Algunas veces Renata y Alejo son groseros con ella y la segregan o le tratan de robar la comida pero ella tiene la capacidad de perdonarlos después, creo que eso es bonito.”

Pipistrella es uno de los preciosos embajadores de nuestra campaña Barrigas Llenas, Ocicos Contentos.
Pipistrella es uno de los preciosos embajadores de la campaña Barrigas Llenas, Ocicos Contentos.

 

Que hermosas historias, ¿no te parece? Lo más interesante es que Natalia ha aprendido mucho de sus mascotas y cada día se esfuerza un poco más para hacer valer sus derechos y los de todos los animales que no han contado con la misma suerte de Alejito, Pipistrella y Renata.

Queremos saber cómo encontraste a tu OCICO. ¡Escríbenos y tu historia podrá ser publicada!

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